Contacta con la vida natural

“¡Qué descansada vida / la del que huye el mundanal ruido / y sigue la escondida / senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido!”, que glosaba Fray Luis de León. No hay más que echar un vistazo a los clásicos de la literatura para comprender la importancia del contacto del hombre con la naturaleza. El Edén descrito en la Biblia no es más que un ubérrimo jardín en armonía y sin mancha de pecado para disfrute y solaz del ser humano.

Recuerden la Arcadia de los clásicos griegos, la tierra poblada por pastores que, en perfecta comunión con su entorno boscoso, desarrollaban una existencia colmada de abundancia y felicidad utópica. Ahí está el locus amoenus, el lugar idealizado de paz y tranquilidad espiritual que, cómo no, se hallaba enmarcado por la divina y excelsa belleza de un paraje campestre. Hagan memoria de las serranillas, las églogas y demás poética pastoril, un canto a la inmarcesible atracción que ejerce la naturaleza bucólica, en la plenitud de su vitalidad.

Por mucho que las grandes urbes de cemento y acero traten de hacérnoslo olvidar, el ser humano pertenece y se debe a la Naturaleza, madre provisoria y amante entregada.

El turismo rural, que combina el descanso con el disfrute activo de la naturaleza, más alternativo y apacible en comparación con las asfixiantes aglomeraciones propias del turismo tradicional de sol y playa, se ha erigido en las últimas décadas como uno de los principales baluartes de la industria turística española a causa de sus precios asequibles, su disponibilidad y cercanía geográfica y los beneficios para la salud y el estado de ánimo que comporta.

Las casas rurales ofrecen una oportunidad incomparable para gozar de unos días de vacaciones en familia, reencontrar la pasión en un fin de semana en pareja o rememorar las viejas batallitas de siempre con el grupo de amigos de toda la vida. Las posibilidades son infinitas: desde derrochar la mañana tomando el sol y respirando aire puro, con un aperitivo y una cervecita de la mano, hasta programar una yincana multiaventura en el monte. Existen multitud de empresas que, a un precio asequible, permiten practicar actividades tan excitantes como el paintball, los circuitos por árboles y tirolinas, el rafting, el montañismo, la escalada, el barranquismo, la espeleología, el kayak… ideales para descargar toda la adrenalina acumulada durante el día a día.

Pero claro, que si uno prefiere optar por el sosiego y la nunca suficientemente valorada tranquilidad, una asequible y reconstituyente ruta de senderismo, un suave y relajante recorrido en bicicleta,  un entretenido paseo a lomos de un caballo o el simple ‘dolce far niente’ al aire libre es suficiente motivación para alegrar la cara de la mano de una escapada ocasional. También cabe la posibilidad de realizar entusiasmantes expediciones micológicas o intensivas jornadas de pesca que agreguen un extra de alimentos naturales a la cena nocturna.

Esta amplia oferta redunda en beneficios no solo para el turista, sino para la región e incluso el país. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, la disponibilidad de alojamientos de tipo rural en Extremadura pasó de 2.769 plazas en el año 2005 a 6.277 plazas apenas siete años después, haciendo caso omiso a los pesimistas dictámenes de la crisis económica instalada en España desde 2008. Las razones de este espectacular incremento, que se traduce en una subida del 29 por ciento anual en el volumen total de visitantes, responden a un único factor: la riqueza ornitológica de la zona, uno de los principales enclaves del continente para el avistamiento de fauna aviar.

Un proceso similar de crecimiento experimentan también las casas rurales de Guadalest, enclavadas en las inmediaciones de la sierra de Aitana alicantina. Además del importante peso de su dilatada historia, atravesada por asentamientos íberos, romanos y moriscos, su cercanía a la costa mediterránea convierte a la comarca en un emplazamiento idílico para la realización de actividades de snorkel, buceo y submarinismo y, al mismo tiempo, explorar las bondades biológicas de la serranía local, abundante en especies animales y punto de encuentro de numerosos tipos de aves.

En vista de la situación, no es de extrañar la estabilidad que ostenta el sector a pesar de los embates de la crisis, contexto que ha obligado al sector a ejercer una continua reinversión en busca del equilibrio perfecto entre calidad y precio, así como a orientar parte de su proyección hacia el mercado extranjero. En la actualidad, España dispone de alrededor de 15.000 alojamientos repartidos entre más de 9.000 pueblos de su geografía, con espacio para 138.000 visitantes. 

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