Del árbol a la mesa en un click

Del árbol a la mesa en un click

Comprar naranjas y mandarinas y que éstas vayan directamente desde el huerto hasta la despensa de casa es una forma de consumo –una actitud, según algunos- que ha experimentado una tendencia al alza durante los últimos años en el mercado agrícola. Del árbol a la mesa.

El precio, generalmente más bajo que en las fruterías convencionales y las grandes superficies –aunque no siempre-, es una de las principales motivaciones que mueven a este nuevo tipo de clientes a decantarse por los comercios agrícolas sin intermediarios. No menos importante que este factor económico son ventajas como el conocimiento preciso de la procedencia de los cultivos, los métodos empleados para el desarrollo de los alimentos –entre ellos la ausencia de procedimientos químicos destinados a alargar artificialmente la conservación de los frutos- y una firme conciencia social que pretende defender el comercio justo mediante el pago correcto al productor y asimismo incentivar la economía local. Si bien, como indica esta última premisa, este comercio sin intermediarios se desenvuelve sobre todo en un ámbito de gran proximidad, la expansión creciente de las compras online también trasladan este particular mercado a la red. Ya lo avanzaba el periodista de El País Francesco Manetto en un reportaje elaborado en 2009. En el texto se detallaban ya las ventajas venideras de este incipiente comercio por internet, como son la adaptación de la plataforma web a las necesidades y apetencias del comprador, su espacio ilimitado para trascender los limitados catálogos tradicionales y poder ofrecer así una gama de productos más variada, completa y rica en información añadida; el ahorro de inversiones que significa prescindir de un local físico para vender el producto y la versatilidad de la web para actualizar cuestiones como precio, cantidad ofertada y tipos de descuento.

Las quejas más comunes por parte de los productores agrícolas radican en la diferencia que estriba entre la cantidad de dinero que se percibe por el producto y su posterior valor de mercado. Rafael Hernández presidente regional de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Las Palmas de Gran Canaria especificaba durante una protesta de 2013, en la que los agricultores isleños regalaron hasta ocho toneladas de patatas, que las grandes cadenas de supermercados, salvo Spar -grupo que garantiza el coste de producción a los agricultores-, entran en guerras de precios para ganar cuota de mercado y que, al final, esto “lo paga los que están al principio de la cadena”. 

“Con el regalo de las papas queremos denunciar que los precios que perciben el agricultor, por culpa de las guerras comerciales entre las cadenas, están por muy debajo de los costes de producción”, denunciaba Hernández. A través de esta medida, el colectivo de representación de agricultores y ganaderos arrojaba el mensaje de que, antes de vender su producción y aun así perder dinero, los agricultores preferirían regalarla entera. “Lo hemos hecho porque los productores deben obtener un precio justo que cubran los costes y, también, que los consumidores puedan comprar a un precio asumible”, sentenciaba el responsable local. Una situación que, por supuesto, no se queda solo en el campo canario, sino que se extiende a las naranjas y mandarinas de la Comunidad Valenciana, a la huerta murciana y, en definitiva, a todo el territorio español.

La situación se agrava además por coyunturas como el veto ruso a las exportaciones europeas, donde España era el principal perjudicado en el sector agrario. El Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD), elaborado por la organización agraria COAG en colaboración con las asociaciones de consumidores UCE y CEACCU y que recoge la evolución mensual de los 25 alimentos más básicos de la dieta española, señalaba que los melocotones y las nectarinas eran los principales productos agrarios afectados por el veto. En conjunto, estos frutos habían multiplicaron por diez su precio del campo a la mesa sin que redundara en beneficio alguno para el productor. Más bien al contrario. Mientras que los precios en origen caían hasta el los 0,17€/kg, en destino se situaron en 1,85€/kg en el caso del melocotón (+988%), y 1,70€/kg en el caso de la nectarina (+900%). “Los precios en origen se han hundido con la colaboración necesaria de la especulación por parte de intermediarios y las grandes cadenas de distribución europeas, que han aprovechado el veto ruso para bajar los precios al productor sin repercutir esa bajada al consumidor, obteniendo unos márgenes comerciales desorbitados”, expuso entonces Miguel Blanco, Secretario General de COAG.

Razones suficientes para que el mercado directo, sin intermediarios, surja como una opción apetecible y eficaz para ambos extremos de la cadena de producción. Las naranjas y mandarinas a domicilio, sin intromisiones ni alteraciones indeseables. El sabor del campo de la tierra a la mesa, en definitiva.

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